Al parecer estoy en mi momento de lectura, pues verán…conversando con uno de mis amigos después de mucho tiempo de no hacerlo…llegamos a un tema de que si estábamos solos, de que si las relaciones no habían funcionado, que si es mejor la soledad o el acostumbrarse a estar con alguien por miedo a la misma.
Pero ese mismo día llego a mis manos un libro que me pareció interesante La Maestría del Amor (Dr. Miguel Ruiz), lo comencé a leer y me encontré con varias cosas interesantes en lo que he leído hasta ahora… Quiero compartir con ustedes este fragmento (Es un poco largo así que lo dividí en 2 partes), espero sea una buena lectura para ustedes o al menos que deje algo para reflexionar

EL HOMBRE QUE
NO CREIA EN EL AMOR
Quiero contarte una vieja historia sobre un hombre que no creía en el amor. De una persona normal, como tú y como yo, pero lo que lo hacía especial era su manera de pensar: estaba convencido de que el amor no existía. Había acumulado mucha experiencia en su intento de encontrar el amor, por supuesto, y observado a la gente que tenía a su alrededor. Pasó buena parte de su vida intentando encontrar el amor y había acabado por descubrir que el amor no existía.
Este hombre tenía una gran inteligencia y resultaba muy convincente. Había leído muchos libros, estudiado en las mejores universidades y se había convertido en un erudito respetado. Lo que decía era que el amor es como una especie de droga; te exalta, pero a su vez crea una fuerte dependencia, por lo que es posible convertirse en un gran adicto a él. Y ¿qué ocurre entonces cuando no recibes tu dosis diaria, dosis que necesitas al igual que un drogadicto?
Solía decir que la persona que tiene la necesidad mayor es la que sufre la adicción a las drogas; la que tiene la necesidad menor es la que se las suministra. Y la que tiene menor necesidad es la que controla toda la relación.
El adicto a las drogas, el que tiene más necesidad, vive con un miedo constante, temeroso de que, quizá, no sea capaz de conseguir su próxima dosis de amor, o de droga. El adicto a las drogas piensa: «¿Qué voy a hacer si ella me deja?». Ese miedo lo convierte en un ser muy posesivo. «¡Eso es mío!» Se vuelve celoso y exigente porque teme no conseguir su próxima dosis. Por su parte, el suministrador puede controlar y manipular a la persona que necesita la droga dándole más dosis, menos o retirándoselas del todo. La persona que tiene más necesidad acabará por rendirse completamente y hará todo lo que pueda para no verse abandonada.
El hombre continuó hablando incansablemente de todas las razones por las cuales creía que el amor no existía. Un día, este hombre salió a dar un paseo por un parque, donde se encontró, sentada en un banco, a una mujer que estaba llorando. Cuando advirtió su llanto, sintió curiosidad, se sentó a su lado y le preguntó si podía ayudarla.
Puedes imaginar su sorpresa cuando ella le respondió que estaba llorando porque el amor no existía. Él dijo: «Esto es increíble: ¡una mujer que cree que el amor no existe!». -¿Por qué dice que el amor no existe? -le preguntó. -Bueno, es una larga historia -replicó ella-. Me casé cuando era muy joven, estaba muy enamorada, llena de ilusiones y tenía la esperanza de compartir mi vida con el que se convirtió en mi marido. Nos juramos fidelidad, respeto y honrarnos el uno al otro, y así creamos una familia. Pero, pronto, todo empezó a cambiar. Yo me convertí en la típica mujer consagrada al cuidado de los hijos y de la casa. Mi marido continuó progresando en su profesión y su éxito e imagen fuera del hogar se volvió para él en algo más importante que su propia familia. Me perdió el respeto y yo se lo perdí a él.
Nos heríamos el uno al otro, y en un momento determinado, descubrí que no le quería y que él tampoco me quería a mí. »Pero los niños necesitaban un padre y esa fue la excusa que utilicé para continuar manteniendo la relación y apoyarle en todo. Ahora los niños han crecido y se han independizado. Ya no tengo ninguna excusa para seguir junto a él. Sé que, aunque encontrase a otra persona, sería lo mismo, porque el amor no existe. No tiene sentido buscar algo que no existe. Esa es la razón por la que estoy llorando.
Como la comprendía muy bien, le dijo:
-Tiene razón, el amor no existe. Buscamos el amor, abrimos nuestro corazón, nos
volvemos vulnerables y lo único que encontramos es egoísmo. Y, aunque creamos que no nos dolerá, nos duele. No importa cuántas relaciones iniciemos; siempre ocurre lo mismo. Entonces ¿para qué seguir buscando el amor?
Continuara en el siguiente Post….
saludes mi otro yo